Hemos decidido que no vamos a bautizar a nuestro hijo. Preferimos que lo decida él cuando sea mayor.

Ah, ¿y lo habéis pensado bien? Porque por supuesto que él decidirá si quiere ser cristiano o no cuando sea mayor, pero lo hará cuando tenga criterios y edad suficiente, ¿no? Hasta entonces, vuestra misión como padres es guiarlo hacia las cosas buenas. Y en el bautismo recibe la mejor: ¡la gracia de Dios!

No es una forma de hablar: es el poder real y eficaz del Espíritu Santo, que lo acompañará para toda la vida y lo asistirá si él quiere seguir cultivándolo. Además, también decidirá de mayor si quiere ser vegetariano o aficionado al fútbol, y eso no implica que ahora no le deis carne o no juguéis al fútbol con él, ¿no?

¡Pero es que son cosas diferentes! La fe, en teoría, es algo importante, y queremos que sea una decisión madura y consciente. Es cierto: la fe es algo importante, porque la relación con Dios te cambia la vida. Por eso se bautiza a los niños, porque es el primer paso para que comiencen a recorrer el camino de la fe ¡a su nivel! Así, poco a poco, el niño irá comprendiendo y viviendo que Jesús, con su amor, le ayuda a no ser egoísta y le guía para vivir una vida plena, en comunión con Dios y abierta a los demás.

Nosotros no queremos coartar su libertad. Claro. Lo que pasa es que el bautismo no limita su libertad. Al contrario. Al ser hijo de Dios, va a tener la posibilidad de vivir con auténtica libertad; con la ayuda del Padre para reconocer las cosas buenas, verdaderas y bellas. Queremos decir que no queremos imponerle un acto que él puede decidir si llevar a cabo de mayor. Bueno, los padres tenemos la potestad y el deber de ofrecer a nuestro hijo lo que consideramos que es lo mejor para él, ¿no?  Y, se quiera o no, las decisiones que tomamos por nuestro hijo influirán decisivamente para que siga un camino y no otro, y eso no significa que coartemos su libertad, sino que queremos lo mejor para él.

Es que es un acto social, ¡y además es carísimo! La celebración del bautismo no es una fiesta de presentación en sociedad ni un simple evento social.

Es un sacramento en que actúa de verdad el Espíritu Santo y eso implica una preparación, además de tener muy claro lo que se está celebrando. El bautismo no es ingresar en un club, sino empezar a formar parte de la gran familia que es la Iglesia, instituida por Jesús. Esto, por supuesto, es motivo de alegría, y por eso es lógico ofrecer una pequeña celebración tras el bautizo, pero no podemos reducir el sacramento al sarao posterior. Nosotros, que somos parte de la Iglesia, tenemos la responsabilidad de promover el bautismo de quienes están a nuestro alrededor y a nuestro cargo, como son nuestros hijos. ¿O sea que, además de ser un regalo para mi hijo, es mi deber como cristiano bautizarlo? Exacto. Mira, la Iglesia no conoce otro medio que el bautismo para asegurar la entrada en el Cielo y la vida de la gracia. Por eso, el Señor nos dio la misión de “bautizar a todos los hombres”, para que puedan “renacer del agua y del Espíritu”.

Anuncios