El pasado mes de enero, en el habitual discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, el Papa Francisco  repasó la actividad diplomática del Vaticano y su actividad en pro de la paz a lo largo del año en sus diferentes viajes por todo el mundo.

En su largo y profundo discurso, el Papa enumeró las “heridas del mundo”, desde las guerras a los emigrantes que se siguen ahogando en el Mediterráneo, y ofreció sus recetas para sanarlas: la paz y el desarrollo humano integral.

Comenzó recordando que “el año nuevo no parece estar marcado por signos alentadores, sino por una intensificación de las tensiones y la violencia” y, tras asegurar que “la paz y el desarrollo humano integral son de hecho el objetivo principal de la Santa Sede en el ámbito de su tarea diplomática”, comenzó haciendo autocrítica y reconociendo los “delitos gravísimos” de los abusos, que son crímenes que ofenden a Dios, causan daños físicos, psicológicos y espirituales a las víctimas y lesionan la vida de comunidades enteras”.

Tras el mea culpa eclesial, Francisco pasó a enumerar sus preocupaciones principales. En primer lugar, la educación. Y, en este ámbito, anunció que quiere “promover un evento mundial el próximo 14 de mayo, que tendrá́ como tema: Reconstruir el pacto educativo global”.

En segundo lugar, la juventud, porque “los jóvenes nos interpelan sobre la urgencia de esa solidaridad intergeneracional, que desgraciadamente ha desaparecido en los últimos años”.

En tercer lugar, “el cuidado de nuestra casa común debe ser una preocupación de todos y no el objeto de una contraposición ideológica”, porque, como quedó sentado en el Sínodo de la Amazonía, «la selva amazónica es un “corazón biológico” para la tierra cada vez más amenazada». El Papa abordó, a continuación, la crisis de la Patria Grande y aseguró que “los conflictos de la región americana, aun cuando tienen raíces diferentes, están acomunados por profundas desigualdades, por injusticias y por la corrupción endémica, así́ como por las diversas formas de pobreza que ofenden la dignidad de las personas”.

Para conseguir la paz en el mundo, el Papa abogó por el diálogo interreligioso, porque, a su juicio, “es particularmente importante formar a las generaciones futuras en el dialogo interreligioso”.

Francisco también denunció, en su discurso, las guerras a pedazos que está sufriendo el mundo en diversos continentes, ante un “manto de silencio que intenta cubrir la guerra que ha destruido Siria durante este decenio”, además de señalar que “son preocupantes las señales que llegan de toda la región, después del aumento de la tensión entre Irán y los Estados Unidos”.

Otro de sus denuncias constantes es la situación de los refugiados y emigrantes en todo el mundo, especialmente los que huyen hacia Europa, donde “se continúa constatando con dolor que el mar Mediterráneo sigue siendo un gran cementerio”. Por eso, el Papa pide al viejo continente que “no pierda, por tanto, el sentido de solidaridad que desde hace siglos la ha caracterizado, incluso en los momentos más difíciles de su historia”.

Por último, recordando su viaje a Japón, el Papa volvió a condenar la proliferación de armas nucleares, porque, precisamente en Japón, “pude constatar el dolor y el horror que somos capaces de infringirnos”.