El informe FOESSA confirma la evolución negativa de las condiciones de vida de la población y el impacto de la pandemia en España. Después de más de dos años de pandemia, el INE publicó finalmente, el pasado 29 de junio la Encuesta Condiciones de Vida 2021 con los primeros datos oficiales sobre el impacto de la crisis social, económica y sanitaria en términos de pobreza o exclusión social, teniendo en cuenta los ingresos de la población durante el año 2020 completo. Con ellos, se confirman oficialmente el incremento de la desigualdad, la pobreza y la exclusión social en España.

Menos ingresos

En primer lugar, se observa un notable empeoramiento de los indicadores de desigualdad de ingresos. Por un lado, la ratio S80/S20 que compara la suma de los ingresos del 20% de la población con mayores ingresos con la del 20% de la población con menores ingresos fue de 6,2, es decir que experimentó un aumento de cuatro décimas respecto del año anterior. Por otro lado, el índice de Gini también mostró un aumento de la desigualdad en la sociedad en términos de reparto de ingresos. En 2021 subió nueve décimas respecto de 2020 y situó su valor en 33,0.

Aumento del riesgo de pobreza

Por su parte, el riesgo de pobreza o exclusión social se situó en 2021 en el 27,8% de la población residente en España frente al 27,0% registrado el año anterior. Este aumento se produjo en dos de sus tres componentes. Aumento de la baja intensidad laboral; el empleo se recupera, sí, pero no lo hace en términos cualitativos. El porcentaje de población en situación de baja intensidad en el empleo, es decir que trabaja menos del 20% del total de su potencial de trabajo durante el año anterior al de la entrevista, subió del 10,0% al 11,6%. Aumento de la pobreza relativa; en 2021 (teniendo en cuenta los ingresos de 2020) el porcentaje de población con ingresos por debajo del umbral de riesgo de pobreza se situó en el 21,7% de la población residente en España, frente al 21,0% del año anterior. Este dato es el más negativo desde 2016 (22,3%). Por el contrario, el porcentaje de personas residentes en hogares con carencia material y social severa se redujo tres décimas, hasta el 8,3%. Pero lo ha hecho después de modificar su definición y método de medición como veremos a continuación.

Peores condiciones de vida

En suma, la ECV 2021 nos da una confirmación oficial de la evolución negativa de las condiciones de vida de la población y del impacto social del primer año de pandemia en España. El número de personas en riesgo de pobreza o exclusión social ofrecido por el INE es incluso mayor que el dato medido por el ISES de FOESSA; y esto se explica porque a través de nuestra metodología miramos y analizamos a las personas con situaciones de mayor complejidad social. En términos de privación material, aunque se noten algunos efectos de la recuperación económica, éstos tendrán que ser matizados más adelante por la fuerte inflación que se está consolidando en los últimos meses, algunos indicadores dan cuenta de la profundidad de la crisis y la falta de acceso a derechos como la vivienda, energía e internet. Es primordial actuar de manera muy rápida tanto por la vía de los ingresos como de la vivienda. Es necesario recuperar el empleo, un empleo estable y digno, pero mientras tanto necesitamos de una garantía de ingresos y políticas de vivienda suficientes.

Gastos de vivienda

FOESSA pone el énfasis en cuestiones relacionadas con la vivienda (suministros o capacidad para afrontar gastos de vivienda) que representan cada vez más un pozo sin fondo para la economía de las familias. Además, llama la atención sobre la inclusión de la disponibilidad de conexión a internet: como lo hemos analizado a través de la EINSFOESSA 2021, la brecha digital es una realidad cada vez más presente y excluyente para las familias, en cuanto provoca la pérdida de oportunidades de primer orden para su inclusión: oportunidades laborales, formativas, relaciones sociales e incluso acceso a derechos y prestaciones sociales.