En muchos hogares con niños estos días hay muchos nervios y movimiento. Con inquietud, ilusión y mucha expectación, mayores y pequeños inician un nuevo curso escolar. Los niños regresarán a la escuela, donde recibirán muchos estímulos y se harán muchas preguntas. Desde la escuela, tendrán muchas respuestas y se les despertará la curiosidad por todo lo que nos rodea.

Acompañando la labor educativa de las familias, la escuela transmite valores sólidos para ayudar a edificar a los hombres y mujeres del futuro que tendrán la responsabilidad de gestionar el mundo. Coincidiendo con la llegada del nuevo curso, sería bueno que fuéramos capaces de dibujar y pensar en una casa enorme, la casa común, en la que cabemos todos, y transmitir a los niños y niñas la alegría de vivir en esta casa preciosa, pero que dejará de serlo, si no la respetamos y no la cuidamos, si no descubrimos que somos hermanos unos de otros y que la Tierra es un ser vivo.

Desde hace ocho años, el primer día de septiembre la familia cristiana celebra la Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, con la que comienza el Tiempo de la Creación, que finalizará el 4 de octubre con la celebración de la memoria de san Francisco de Asís, proclamado patrón de la ecología por san Juan Pablo II en 1979.

Este Tiempo de la Creación quiere ayudarnos, más que nunca, a tomar conciencia del planeta en el que vivimos y de nuestro entorno. Deberíamos reflexionar seriamente sobre nuestra relación con la creación, comprometiéndonos a tener el debido y necesario cuidado. El lema de este año para esta jornada es claro: «Escucha la voz de la creación». La creación sufre y es urgente que escuchemos su clamor. Ante este clamor e intentos de debate sobre la crisis ecológica, a menudo se promueve un silencio que debería preocuparnos. Cada vez más, la diversidad es menos diversa. Y muchas voces de científicos y expertos permanecen silenciadas.

Este año, la imagen escogida para esta jornada es una zarza que arde, que nos remite a un pasaje contenido en el libro del Éxodo donde aparece el fuego que no se apaga y que es símbolo de la presencia de Dios. Esta zarza que «ardía sin consumirse» (Ex 3,2) contrasta con el fuego de tantos incendios forestales que hemos sufrido este verano y que agravan el desequilibrio del entorno.

El papa Francisco, en el 2015, en su carta encíclica Laudato si’, hacía un diagnóstico que sigue vigente: «Todavía no se ha logrado adoptar un modelo circular de producción que asegure recursos para todos y para las generaciones futuras, y que supone limitar al máximo el uso de los recursos no renovables, moderar el consumo, maximizar la eficiencia del aprovechamiento, reutilizar y reciclar.» (LS 22). Ante la emergencia ecológica que afecta a la vida humana y a la paz de los pueblos, nuestro comportamiento es fundamental. Si actuamos como una familia, podemos conseguir un impacto real. Cada acción individual no es una acción aislada. Para bien o para mal tiene consecuencias para todos, porque en nuestra casa común todo está conectado.

Queridos hermanos y hermanas, participemos en este Tiempo de la Creación con iniciativas de oración, proyectos de sostenibilidad y equilibrio natural. Hagamos que nuestros niños crezcan amando la creación, la casa común, donde juegan, donde aprenden y donde se relacionan, porque de todos depende que esta casa se derrumbe o se preserve para las generaciones futuras. Os animo a escuchar y hacer escuchar con atención la voz de la Creación.