El Presidente de Cáritas Española, Manuel Bretón Romero, comparte en una entrevista sus reflexiones sobre la situación económica española actual. En medio de un panorama que califica de «preocupante» por la concatenación de crisis de repercusión global (la Gran Recesión de 2008, la pandemia o la guerra en Ucrania y sus derivadas), sin embargo está siendo un año de júbilo para la ‘familia’ de Cáritas, es decir, para toda la Iglesia: la conmemoración de los 75 años de su fundación.  El papa Francisco, con motivo del 75º aniversario de Cáritas Española, les ha señalado en un mensaje “tres caminos” como guía para el presente y el futuro: “el de los últimos”, el “de la misericordia” y el de “la renovación”.

¿Cómo siente Cáritas que ha transitado o está transitando por estos caminos? Me gusta mucho decir que Cáritas es un corazón que ve o, como dice el Papa Francisco, “la caricia de la Iglesia a su pueblo”. Creo que ese es el valor añadido del trabajo de Cáritas, que se basa en la cercanía y en la escucha, en estar cerca de todos los que afrontan dificultades y que, en muchas ocasiones, necesitan con urgencia que las respuestas prácticas a su situación de vulnerabilidad vayan de la mano de la proximidad y el acompañamiento. Estar muy cerca de la realidad de las personas nos permite afinar las respuestas y acompañar de manera eficaz a los destinatarios de nuestra acción.

¿Cómo tenemos nuestros niveles éticos? ¿Seguimos siendo una sociedad que sabe compartir o despunta el individualismo también? Podemos decir sin lugar a equivocarnos que la solidaridad de la sociedad española ha estado siempre a la altura de las grandes dificultades que hemos vivido. Y esto no es una frase políticamente correcta. Nosotros mismos somos testigos privilegiados de la enorme generosidad de la gente que habita este rincón del planeta. Nuestra Memoria de actividades de 2021 muestra cómo las aportaciones de los donantes particulares y de las empresas han ido subiendo progresivamente en los últimos años, lo que nos ha permitido ayudar a muchas personas que lo están pasando mal. El impacto de la pandemia, por ejemplo, ha supuesto una oportunidad para fortalecer la colaboración de la iniciativa privada en las respuestas de Cáritas a las situaciones de vulnerabilidad. Valgan, como ejemplo, los convenios suscritos con no pocas empresas para ofertar itinerarios de prácticas laborales o de bolsas de empleo a las personas acompañadas por Cáritas en nuestros programas de empleo.

¿Cómo cree que puede repercutir en ese casi 25% de la población que está en el umbral de la pobreza? ¿Podrá resistir este embate tan duro? El panorama es preocupante. El último informe FOESSA que presentamos a inicios de año daba cuenta de cómo la pobreza se ha ido extendiendo con las sucesivas crisis. Tras la pandemia, la exclusión afecta a 11 millones de personas, un 29% más que en 2018. Para una familia de 2 adultos y 2 hijos que estén ingresando 800 euros mensuales, una subida general del IPC del 10%, supone 80€ más de gasto mensual, lo que significa agravar los problemas para cubrir los gastos esenciales de alquiler, de pago de electricidad, de gas y de llenar la nevera. Se trata de una situación inasumible. El camino para reducir todas estas desigualdades es apoyar decididamente a los más débiles, con medidas valientes y extraordinarias, con más recursos y más flexibilidad.


¿Qué medidas pueden arbitrarse desde las Administraciones para hacer frente ala pobreza energética ante lo que se prevé como uno de los inviernos más duros por las restricciones y las subidas del precio del gas y la electricidad? Todas las medidas que se han puesto en marcha ayudan, pero son tiritas para heridas muy grandes. Tenemos que seguir trabajando para hacer valer el derecho a una vivienda digna y al suministro de las necesidades básicas de las familias. En España hay 600.000 familias que no tienen ingresos asegurados, ni por las rentas de trabajo, ni por las pensiones, ni por el ingreso mínimo, ni rentas mínimas. Hay que mejorar el sistema de protección social, buscar nuevas alternativas. Junto al derecho a ingresos, hay que abordar de manera paralela el derecho a la vivienda que a día de hoy es un pozo sin fondo.

Pensar que en este país los partidos alcancen un Pacto de Estado contra la Pobreza, ¿es una utopía, una ingenuidad, una necesidad…? Es una responsabilidad que, como ciudadanos, debemos pedir a nuestros representantes políticos. El camino para hacerlo posible es un diálogo serio entre las fuerzas políticas y que se cuente con la participación de la sociedad civil. El reconocimiento de los actores que están trabajando por la justicia social y por el fin de la pobreza podría ayudar a concretar algunas políticas urgentes de vivienda, de familia en relación a los ingresos mínimos, etc. que deben ser analizadas con una visión a largo plazo y con el mayor consenso posible.